El mundo, tiene sed de amor, de paz, de comprensión, tiene sed de una mano amiga. El mundo muere en la oscuridad, en la soledad del desprecio, y muere de frio, porque no tiene el calor de Dios.
El mundo, no tiene el calor de Dios porque no se ha decidido buscar esa fuente de vida y amor. Pero, ¿Por qué no buscarle? ¿Por qué no rendirse delante de Él? Si su amor es consuelo en la tristeza, es serenidad en el tumulto, reposo en la fatiga, y más aun, es esperanza en la desesperación.
Digamos juntos el clamor del salmista en la hora más difícil de su existencia, cuando dijo en el Salmo 62 . . 5 Alma mía, en Dios solamente reposa,
Porque de él es mi esperanza.
6 El solamente es mi roca y mi salvación.
Es mi refugio, no resbalaré.
7 En Dios está mi salvación y mi gloria;
En Dios está mi roca fuerte, y mi refugio.
8 Esperad en él en todo tiempo, oh pueblos;
Derramad delante de él vuestro corazón;
Dios es nuestro refugio.
El día que tengamos sed de todas estas cosas no dudemos en acudir a la fuente inagotable… Jesús.
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